jueves, 2 de noviembre de 2017

Que no me lastimes




Si hoy entras aquí, en mi vida, si dejas que te ame, si tus labios quieren besarme entonces:
No traigas mentiras por favor, déjalas fuera.

Descubre tu alma y muéstrame que no serás otra farza inventada, porque ya no creo poder resitirla.

Cumple cada una de tus promesas aunque sólo sean tonterías, porque aquí estaré esperándote como una niña espera sus dulces.

No te atrevas a entrar en mi corazón para luego lastimarlo,  porque mis maldiciones irán contigo donde vayas.

Si te estoy entregando mi ser por favor no lo hagas añicos.

Tengo el alma joven pero ya marchita y lastimada.

A fuerza de sufrimiento me he ido volviendo un ser desconfiado, no creo en los amores salvo el de los libros.

Me estás diciendo que me amas, que me extrañas, para luego no volver. Entonces no juegues conmigo, porque no podré soportarlo.

Te estoy dando mi esencia aquí la ves?

Extiendo mis manos a tí y me entrego, pero si no me vas a corresponder es preferible que te marches.

Cierra la puerta tras de tí, no importa, estoy acostumbrada a la soledad y prefiero esto a volver a sufrir.

Por eso si no vuelves dejámelo saber para no estar esperando lo que nunca cumplirás.


Y tal vez un día...




Desearía en esta fría noche, con aire congelado, ir a golpear cada puerta de la ciudad para decirles a todos que te amo.

Que así como llegó el frío esta mañana sin aviso, y congeló todo, así llegó tu amor a mi vida sin avisar, ni pedir permiso.

Llenaste mis días de alegría y sonrisas, de esperanza y misterio.

Hiciste que los amaneceres fueran despedidas y esperara el crepúsculo ansiosa. Que las horas del día se hicieran eternas y las noches se  terminaran pronto.

En secreto empecé a amarte, ¿cómo? no lo sé; te hiciste indispensable, así como para vos es necesaria la sangre, para mí lo fueron tus palabras, tu presencia.

Anhelo besarte a cada instante y momento. Saborear tu boca con gusto metálico, sentir cómo tus dientes desgarran mi cuello en busca de tu preciado alimento y yo maravillada me dejo, porque es tu forma de amarme.

Pero no puedo decirte que te amo, maldito arrogante, si supieras de este sentimiento te burlarías de mí. He descubierto que nada te diferencia, hombres mortales o vampiros son iguales.

Y entonces tengo callo, trago mis sentimientos, siento este agónico deseo de extrañarte, que me digas "Te amo".

Maldito!! Te has filtraste en mi corazón como un veneno imposible de arrancar, que avanza por mis venas y llega hasta mi pecho y lo hace explotar.

Pero yo me conformo con tu compañía con tus cuentos y tus historias, hablando hasta el amanecer porque es imposible cansarme a tu lado.

Y vos ni te das cuenta, sólo dices que "soy una buena compañía". Mientras muero de celos por aquellas que caen bajo tu belleza, esa que te hace único, tus encantos, como todo depredador, felino, lindo, listo para la caza.

Tal vez un día me ames, o nunca lo hagas y vos tenés la eternidad y a mí me queda tan poco tiempo.